sábado, 20 de marzo de 2021

¡PRIMEROS CASTORES MÁRTIRES DE AVIACIÓN!

 

ANECDOTARIO HISTORICO BEAVERS

 

PRIMEROS CASTORES MÁRTIRES DE AVIACIÓN.

 

PREÁMBULO E INTRODUCCIÓN

                        Si bien, entre los Castores, nuestros primeros fallecidos que recuerdo, sería, en primera Instancia Carlos Sabadini, atropellado mientras se dirigía a su primer día de presentación al grupo 7, en el plan de destinaciones desde la EE., y considerando que el recordado Antonio Álvarez , caído con el Twin Otter en Puerto Montt, egresó con el curso posterior,(en verdad, nunca dejamos de considerarlo como un Castor), Se podría decir que Alamiro Aracena Flores Y Julio Zúñiga Cerpa, caídos en Colina el 30 de Julio de 1975, serían técnicamente nuestros primeros Beaver mártires de la FACH, caídos en misión de vuelo.

Al respecto, creo ser, modestamente hablando y sin pecar de   falsa modestia ni menos de soberbia, quien puede aportar a la más completa información respecto de las verdaderas circunstancias en las que se produjo tan fatal y desgraciado siniestro, puesto que existieron muchos elementos que intervinieron en ello y que no quedaron reflejados en el sumario correspondiente, tanto porque las investigaciones del accidente se orientaron a la causa inmediata, determinándose una falla operativa del mecanismo de liberación del paracaídas de emergencia, cuanto porque no fui considerado al respecto ni me pareció en ése entonces que fuese importante para tales diligencias.

Hago el alcance, que este testimonio personal se ajusta absolutamente a los hechos reales de los cuales fui testigo directo, complementado por testimonios de otros participantes también cruciales en los acontecimientos, sin ningún tipo de magnificaciones ni adornos, como tampoco con ánimo de crear una historia fantasiosa para darle  sensacionalismo al relato.

LOS HECHOS

Todo comienza el lunes de la última semana de Julio, en la que se dio inicio a un programa de saltos para cumplimiento de requisitos de personal de ejército, en la que eran incorporados aquellos que debían cumplirlo para continuar estando activos como paracaidistas sin perder el beneficio de mayor sueldo en dicha condición. Éstos, provenían de diferentes unidades y especialidades del Ejercito de Chile, quienes debían cumplir con un mínimo de saltos para cumplir ese requisito y tener derecho a seguir recibiendo sobresueldo por riesgo de vuelo.

Entre éstos, un cabo 1°, escribiente administrativo (Causante de la tragedia), a quien posteriormente reconocí por haber sido testigo de situación producida y provocada por ése mismo el año anterior con motivo de idéntico programa de saltos. Se trataba de un personaje el cual, constante y subrepticiamente realizaba variadas triquiñuelas con su equipo de salto, como una forma de asegurar una fácil liberación de su paracaídas, situaciones que parecían y aparentaba no ser a propósito, cada vez que era revisado, observado y corregido por sus compañeros conforme a sus procedimientos de seguridad al prepararse ya fuera en tierra como a bordo del avión y previo al salto; entre ellas, soltar algunos elásticos que mantienen ordenadas las vueltas de la línea estática para liberación del paracaídas, cortar el alambre de cobre del pin de seguridad del paracaídas de emergencia y otras que , según creía, le facilitarían y aseguraría un rápido y seguro desempaque del paracaídas. Cada vez que se le descubría alguna de estas irregularidades, aparentaba no tener injerencia en ellas y, posterior a su revisión final, volvía a ejecutarlas subrepticiamente. Todo ello, demostraba ser producto de un gran pánico y terror al momento de efectuar el salto, situaciones que, en todo caso, nadie podía asegurar que así fuera, o bien era protegido por sus compañeros, quienes lo alentaban a continuar con la actividad.

En nuestro caso, los Load Master del avión veíamos que, como sucedía en muy escasas ocasiones, algunos paracaidistas, se retacaban al momento de pararse en la puerta, presos de pánico, ante lo cual le pateábamos el trasero expulsándolos al vacío, siendo el mencionado anteriormente, uno de esos casos, clara demostración de un miedo inescrutable a saltar.

En este punto, hago una necesaria disgregación, para dar a conocer algunos aspectos conocidos sólo por pocos Castores respecto de nuestros cursetes caídos en ese trágico accidente de nuestra aviación. Me refiero a Alamiro Aracena Flores y a Julio Zúñiga Cerpa:

Julio Zúñiga C. (QEPD): Había regresado al servicio hacía menos de un año , luego de haber estado cerca de un año antes haciendo uso de Permiso Sin Goce de Sueldo, situación extraña cuanto que, además, aparte de reincorporarlo como el menos antiguo de la promoción, le permitieron regresar a su Unidad de Origen excepcionalmente y continuar como tripulante de C-47. Una de sus explicaciones, según me comentó confidencialmente en forma humorística, era que prefería morir volando para el Grupo 10, antes que los riesgos, frustraciones y molestias a los que se enfrentó en su pretensión de buscar otros caminos laborales, en circunstancias que, antes, se justificaba, precisamente, con que se iba a buscar nuevos horizontes dados los riesgos que implicaba el volar tan continuamente.

Alamiro Aracena F. (QEPD): Este caso es sumamente extraordinario y requiere mucha explicación. Existen elementos extrasensoriales y premonitorios conocidos por la mayor parte de los  Castores Tripulantes del GT-10 como de algunos Tripulantes de otras promociones de la Unidad, dado que en diversas oportunidades expresó que estaba seguro que algún día caería en uno de esos aviones, al punto que en diversas oportunidades, manifestaba que  no le era posible subirse a un vuelo pues temía que esa podría ser la ocasión de sufrir el tan temido accidente. Varias veces se le convenció de hacerlo de todas maneras cumpliendo su deber, pero en otras varias hubimos de reemplazarlo, quedándose en tierra, tras lo cual le asegurábamos que al no haber sucedido nada de lo temido, debía no dejarse dominar por tales aprehensiones. En uno de sus últimos vuelos, al que le costó mucho armarse de ánimo y valor (en general no era miedoso, sólo respecto a volar en C-47 y al cabo de varios años de realizarlos sin problemas). Se trató de una comisión al sur en el FACH 972, avión recibido de parte de la Misión Aérea Norteamericana, donado a la FACH luego que el Presidente Allende hubiera de tomar sus medidas de nacionalizaciones, exigir el retiro de los “Gringos” de su base en Isla. De Pascua y el cierre de la Misión Aérea. entre otras. Dicho avión, se encontraba en buen estado de conservación y mantenimiento, pero su ala derecha solía crujir ante algunas turbulencias, lo cual a Alamiro le hacía presumir que en ese avión se mataría, resultando para él vuelos atormentadores, y nos repetía que en caso de suceder, no olvidáramos que deseaba ser cremado y sus cenizas repartidas en su tierra natal (Til-Til), aparte de otras solicitudes si se diera el caso.

Circunstancialmente, a la fecha del accidente, había sido padre de una niña que  ya tenía seis meses y formalizaron su matrimonio con  Patricia, la madre, lo que le permitió, tomar el permiso correspondiente y solicitar luego un permiso para cambio de domicilio, justo en los primeros días de la semana del fatal accidente-(debía presentarse el miércoles).

Por mi parte, en mi calidad de Jefe de Máquina del FACH 970 (avión ambulancia donada por la Cruz Roja Chilena), inicié los vuelos de ése programa de saltos el día lunes, continuando el martes. En ambos días, el anteriormente citado personaje de ejército, volvió a repetir sus equivocadas estrategias. Sus compañeros, para ayudarlo, cambiaban estrategias, tales como colocarlo en primer, tercer lugar o al .centro de la línea, para ver si de alguna de esas maneras lograban darle fluidez a la salida del salto. El día martes, en especial, el fuerte olor a adrenalina producto del miedo que emanaba del paracaidista en cuestión, rebasó los niveles anteriores, situación observada y comentada entre los participantes más veteranos, haciendo crisis en él. Había nuevamente soltado elásticos intermedios de la cuerda estática, cortado el alambre de cobre del pin de seguridad del paracaídas auxiliar y deslizando la manilla de actuación de ése paracaídas de emergencia, hasta el punto milimétrico antes de liberarse, todo ello posterior a la revisión final del paracaidista y su equipo, pasando inadvertida esa actuación. Lo ubicaron al centro de la fila; Al momento de ordenar la salida su jefe de salto (Instructor ya conocido de nosotros) empezaron a saltar los primeros y los de atrás empujando al retacado en cuestión, quien era forzado hacia adelante, oponiendo fuerte resistencia con su mano derecha aferrándose a las costillas del interior del fuselaje. Debido a esos forcejeos, justo antes de pararse frente a la puerta del avión, se liberó el pilotín del paracaídas de pecho (el cual lleva un resorte para expulsarlo de la funda y ayudar al despliegue del paracaídas auxiliar), con la fortuna que el pilotín cayó al interior del avión frente a la puerta y tanto el Jefe de salto como nosotros los dos Load Master, lo contuvimos  abortando la continuación del salto, lo tiramos al piso  amarrándolo con una trapa al piso contra la mampara de la cabina a él y el amontonamiento de su paracaídas .

Debiendo efectuarse un nuevo salto, recuerdo que, ya en tierra, sus compañeros lo animaban a superar sus problemas y a “matar el Chuncho” de inmediato, ya que era la última oportunidad de hacerlo y no perder el bono de riesgo con lo cual quedaría además condicional en sus calificaciones afectando a su familia tales consecuencias, logrando el objetivo de animarse a saltar , el cual fue el último salto del que fui testigo y en el cual sus compañeros de fila lo empujaban hacia adelante, pero frente a la puerta se aferró con ambas manos a cada lado del marco, por lo cual fue necesario que el jefe de salto y nosotros le aplicáramos la correspondiente patada de salida.

Ese mismo día martes, mi Jefe de Línea, Suboficial Hernán Valenzuela Valencia (QEPD), me ordenó presentarme a la guardia para reemplazar a un Centinela faltante, sin perjuicio de continuar cumpliendo con el vuelo, por escases de personal. Por más que me resistí y reclamé, no hubo caso, y luego de dejar preparado el avión para los saltos del miércoles, hube de incorporarme como centinela del 2° turno (amanecida); a lo más, logré que el jefe de línea se comprometiera a intentar reemplazarme si lograba encontrar a alguien. A las 7 de la mañana del miércoles (junto con el relevo del puesto en Tango 2), vino el jefe de línea a decirme que habló con el Jefe de Ronda y que de inmediato me dirija al avión y que no tendría reemplazo para mí y, pese a mis reclamos no tuve opción más allá de que me tendría en cuenta si hubiese alguno disponible, eso, con tal de tranquilizarme puesto que hubo tres alternativas que no me concedió. Llegó la hora de la formación de las 08:00 y mi compadre Aracena  no llegó a la cuenta, estando sin motivo. Justo después de la retirada de la formación, yo no claudicaba en mi insistencia, teniendo el avión preparado junto a Julio Zúñiga y el Cabo Brito (QEPD). Adicionalmente, por ser fin de mes y yo estando de Cantinero de la Unidad, debía pasar por revista de inventario de Bodega y, aún más, debía asistir a clases de C-130 durante esa mañana, de modo que estaba muy complicado por todo ello sin expectativas de poder cumplir con todo, alimentarme ni descansar, cuando, en ese instante, aparece corriendo, la gorra en la mano y asorochado el bueno de Alamiro, pidiendo disculpas de su atraso motivado por el desconocimiento del actual recorrido y locomoción  de su actual domicilio. Al enterarse de mi situación y pese a las reticencias del Jefe de Línea por cuanto él no había estado presente en la preparación del avión como era la regla general, le pidió poder pagar al contado su falta por llegar atrasado, reemplazándome en el vuelo, a lo cual accedió finalmente. Como los pilotos ya estaban en camino al avión, ayudé a Alamiro a cambiarse rápidamente de ropa y lo acompañé a la carrera al avión con los paracaidistas a bordo; subieron los pilotos, le ayudé a subir, entregándole la escala del avión, cerrándole la puerta y procediendo a retirar las cuñas, colocar el extintor para la partida de motores y guiar su salida de la Losa de Operaciones. Esa fue la última vez que vi la cara de mi querido amigo Alamiro, de Julio, del Coronel Oteiza, Capitán Paulus, Cabo Brito y de un  “Paquete” que, siendo de Los Servicios, pidió autorización para embarcarse, falleciendo también junto a los tripulantes y tres  paracaidistas que no alcanzaron a saltar.

Según me relató personalmente el Sargento 1° de ejercito Jefe de salto que sobrevivió a ese vuelo, él había conversado y revisado directamente al personaje, comprometiéndose éste a cumplir todas sus indicaciones. Sin embargo, al dar la orden de saltar, nuevamente entró en pánico y al ser empujado por los demás, se arrastraba el equipo contra el fuselaje y la manilla se  salió justo antes de pararse en la puerta, saltó el pilotín siendo capturado por la turbulencia hacia el exterior, desplegando el paracaídas de emergencia por sobre el estabilizador horizontal izquierdo, extrayendo al paracaidista desde el interior, sin que nadie alcanzara a reaccionar, pasando éste por bajo el estabilizador para, al extenderse toda la cuerda estática, desplegarse el paracaídas principal el cual se abrió completamente, provocando que las líneas del paracaídas auxiliar rebanaran el borde de ataque del estabilizador, quedando frenados en la viga del estabilizador. Así, con doble paracaídas abiertos, resultó en un disminución violenta de la velocidad, entrando en Stall, Al mismo tiempo, el jefe de salto vio la salida irregular del causante al que no alcanzó a sujetar, se levantó del piso después de observar la situación y dio la orden de evacuar el avión, saltando él primero y, alcanzando a salir tres más de ellos, mientras el avión comenzó a entrar al Stall, y como el procedimiento para salir de aquello consiste en máxima potencia de motores, el avión entró en picada violenta hasta estrellarse.

En cuanto a mí, si bien los motivos que me impulsaban no tenían nada que ver con presagios, mi resistencia y oposición a realizar el vuelo me resultaba extraña a mi aceptación y acomodo habitual a ese tipo de dificultades, pero he llegado a la conclusión que las fuerzas cósmicas trabajaron todas a mi favor para no ser yo quien cayera en dicha oportunidad y, también, que algunos de los caídos, principalmente el Causante, Alamiro y Julio, premonizaron su accidente y muerte. También concluyo que a varios de los intervinientes, nos faltó visión y determinación para haber vislumbrado el peligro de no descalificar a tal  peligroso integrante en su oportunidad, aunque como dije antes, no era infrecuente que alguno lo hiciera o pasara por tales episodios, rehabilitándose en el transcurrir de su actividad.

Espero lograr que esta historia fidedigna, descarnada y objetiva, sea clarificadora a nuestros compañeros de curso y, principalmente, pueda llegar a ser de interés pedagógico a futuras generaciones de aviadores u otras actividades que puedan encontrar el ello una función práctica para llegar a tomar decisiones oportunas y certeras para, aún ocasionando alguna consecuencia indeseada, pudiese evitar tragedias mayores

Santiago, 05 Diciembre 2020

Luis Alejandro González Iñiguez.